Vergüenza y culpa en las adicciones

         La vergüenza y la culpa son emociones complejas que a menudo aparecen en nosotros cuando creemos que algo de nosotros o de nuestra conducta es malo o está mal hecho. Aunque estas emociones nos ayudan a tomar conciencia y reparar algún daño que hayamos hecho y nos permitan examinarnos y crecer como personas, a veces pueden volverse en nuestra contra y causar tristeza, ansiedad, problemas en la toma de decisiones e incluso baja autoestima y en la idea que tenemos de nosotros mismos.

        Cuando mostramos un comportamiento adictivo, tienden a estar muy presentes, aparecen en forma de autocrítica constante, nos hablamos mal a nosotros mismos, nos fustigamos por lo que hemos hecho, vemos la parte más negativa de quienes somos, etc. Las consecuencias que la adicción tiene en la vida de quien la padece y de quienes le rodean, pueden llevar al adicto y al familiar a avergonzarse de sí mismos o a sentirse culpables por lo que se ha hecho, se ha dejado de hacer o no se ha hecho. Los que muestran adicción al juego u otras adicciones sin sustancia a menudo sienten vergüenza y culpa por:

  • Daño que se ha podido causar a familiares o allegados así como la desatención hacia los mismos.
  • Haberse perdido eventos u oportunidades importantes en su vida.
  • Pérdidas económicas ocasionadas así como por la mala gestión económica, usar dinero sin consentimiento, etc.
  • No poder controlar los impulsos a la hora de jugar, comprar, navegar por la red, etc.
  • No haber podido salir solos cuando se ha intentado.
  • Haber mentido o cometido algún delito o transgredido normas.
  • Perder o distanciarse de personas importantes a lo largo del camino.
  • Pensar en el qué dirán o qué pensarán de ellos y ellas por sus hechos.

     Por otra parte los familiares, al estar en contacto con dicha problemática también sufren de estos sentimientos y pueden llegar a ocasionarles inseguridad, ansiedad, tristeza y un malestar general. Ellas y ellos, suelen sentir vergüenza y culpa por:

  • No haberse percatado del problema antes o por haber normalizado determinadas conductas relacionadas con la adicción.
  • Pensar que tienen gran responsabilidad en la conducta del otro.
  • Descuidar a los hijos, familiares, trabajo o amigos debido al malestar ocasionado por la situación y por la atención que les demandaba el problema.
  • Por el que dirán, lo que dificulta que puedan compartir el problema con otras personas y buscar apoyo.

    Estos son algunos de tantos ejemplos de cómo adictos y familiares sienten, en Agrajer pensamos que todos somos dignos y merecedores de amor, respeto, comprensión y perdón y sobretodo que todos tenemos poder para cambiar si así lo deseamos. Es esa capacidad de equivocarnos, renovarnos y cambiar ante las adversidades lo que nos hace tan humanos. Si te sientes identificado, en Agrajer podemos ayudarte a construir de nuevo, así que, como mensaje final a quienes se encuentren leyendo esto les decimos “Quiérete, déjate querer, supera, aprende, que todo llega”.

Julia Talavera Jiménez, Psicóloga en Prácticas de Agrajer

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