¿Tengo adicción a las compras?

Vivimos en una sociedad de consumo en la que, tanto la publicidad como los modelos sociales de éxito, nos impulsan continuamente a buscar la felicidad y el bienestar en productos que muchas veces resultan superfluos e innecesarios.

Muchas personas que encuentran sus vidas carentes de sentido y que cuentan con pocos alicientes adicionales tratan de llenar este malestar y vacío a través del consumo.

Entendemos que la adicción a las compras se define como el afán de efectuar compras nuevas de forma continua. La persona que siente esta necesidad constante acaba comprando cosas que ni si quiera necesita, perdiendo el interés por lo que va comprando y entrando en una cadena de gasto que le lleva a comprar de forma continua para cubrir esas necesidades irreales. Cuando esta personas ven en un escaparate algo que les gusta, no son capaces de reflexionar sobre la necesidad o no de comprarlo y ceden automáticamente a este impulso momentáneo que, la mayor parte de las veces, desaparece cuando ya tenemos la compra en nuestras manos, perdiendo todo el interés e, incluso, llegando a devolver el producto o guardándolo en el armario para no usarlo nunca.

Cuando las compras se convierten en una obsesión que empieza a afectar a la vida diaria del paciente, nos encontramos ante un posible problema de dependencia o adicción. La persona pierde el control y las compras se convierten en el centro de su vida. Se invierte mucho tiempo en visitar centros comerciales, se dejan de lado otras actividades satisfactorias, se empieza a gastar por encima de las posibilidades y comienzan a pedirse créditos para poder seguir adquiriendo productos.

Actualmente, existen a nuestra disposición numerosas fuentes para conseguir dinero fácil, préstamos y créditos con grandes intereses a los que suelen recurrir las personas con esta dependencia para poder seguir viviendo por encima de sus posibilidades. Esto genera una cadena de préstamos enlazados unos con otros que llevan al endeudamiento constante y que, en muchos casos, son la señal de alarma que les convence para solicitar ayuda profesional.

Una vez en terapia, el tratamiento consistirá en ayudar al paciente a encontrar otros alicientes que motiven su vida, a mejorar las relaciones con amistades y familiares, al cambio de hábitos, al entrenamiento en unas compras responsables y en el control de los impulsos. También será muy importante crear unos buenos hábitos de gasto y organización económica.

El objetivo es que su vida se vaya enriqueciendo poco a poco, disminuyendo así el interés excesivo por las compras y consiguiendo que la persona disfrute de lo que adquiera pero sin llegar a depender emocionalmente de ello.

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