Jose Mª – Jugador de Tragaperras

Rehabilitado / 37 años / Mozo de almacén y repartidor

Empecé a jugar a las tragaperras a los 16 años. A esa edad era el hobby que teníamos. En mi pueblo hay muchos bares y a mí no me gustaba hacer otras actividades ni deporte, mi día a día lo pasaba yendo del bar al trabajo o de fiesta. Me iba con los amigos a tomar cervecillas o café y empezamos a echar alguna moneda suelta a las máquinas. Yo tenía el juego asociado por completo al bar y al alcohol. Creo que otro de los motivos que me llevó al problema fue la idea de ganar dinero de forma fácil, sobre todo ahora que estamos en estos tiempos de crisis, ya que en los últimos dos años antes de venir a la asociación fue el periodo en el que comencé a jugar de forma más fuerte.

Para salir del juego he tenido que cambiar muchas cosas, incluso ciertos puntos de mi carácter. Yo antes tenía un “pronto” muy fuerte y no me relacionaba adecuadamente con los demás. Ahora que estoy rehabilitado me veo mucho más tranquilo, y eso sobre todo se ha reflejado en mi familia.

Mi mujer fue la que peor ha llevado este proceso por todas las discusiones que hemos tenido a lo largo de estos años a causa del juego. Vivía con una olla exprés dentro, esperando cuál sería la siguiente que le haría. Muchas veces llegaba a buscar pelea a propósito con ella para tener la excusa y poder irme a jugar, sobre todo si había bebido.

Lógicamente, esto también ha afectado a mis tres hijos pequeños, que lo han vivido indirectamente. Ahora trato de recuperar el tiempo perdido y de acercarme más a ellos. Antes me tenían miedo, pero poco a poco van confiando en mí, se abren y me cuentan sus cosas, jugamos juntos, nos reímos… Son pequeños detalles de los que había dejado de disfrutar porque el juego se lleva todo esto por delante.

También he tenido que cambiar de hábitos y retomar actividades que antes me hacían sentir bien y que había dejado de lado. Ya puedo apreciar lo que es pasar una tarde trabajando en mi cortijo, pasear por la playa, salir con la familia a los amigos a tomar algo… Yo decidí contarles mi problema a mis amigos para “cerrarme puertas”. Todos ellos me han apoyado y lo han aceptado bien, también son conscientes de mis avances.

Para mí el cambio ha sido radical. Para poder rehabilitarme y salir del juego tuve que tomar la decisión de dejar mi trabajo. Asumí que no podía manejar dinero porque en mi empleo me encargaba de los cobros y muchas veces terminaba jugándome el dinero de la empresa y luego tenía que reponerlo.

Yo ahora no reconozco a la persona que era antes. Cuando llegué a AGRAJER, para mí era ya el último recurso, la última salida. Se me hizo muy duro abrirme y contar mis problemas y mi historia porque cuando uno llega lo ve todo negro. AGRAJER es un punto de esperanza en este mundo del juego, mis terapias eran algo sagrado.

Ahora que he terminado mi tratamiento, continuaré con las terapias de seguimiento y seguiré colaborando en la asociación como terapeuta para poder ayudar a otros que están pasando por lo mismo que pasé yo.

AGRAJER es un punto de esperanza en este mundo del juego, pero lo principal es asumir el problema y tener claro que uno quiere dejarlo.

 

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