Mª Carmen – Madre de jugador

Grupo de Rehabilitación / 45 años / Ama de casa

Mi hijo comenzó a jugar a las tragaperras y la ruleta a los 15 años, aunque nosotros no sabíamos nada en un principio. Veíamos que algo raro estaba pasando porque su actitud cambió radicalmente en poco tiempo, pero pensábamos que se trataba de un problema de drogas, nunca pensamos que Óscar podía haber caído en esta trampa. Mi hijo llegó a hacer cosas muy fuertes a causa del juego y, en cuanto realmente fuimos conscientes de las repercusiones que esto podría traerle, decidimos buscar ayuda.

Nuestra vida ha cambiado al 100×100 desde el primer día que llegamos a AGRAJER. Yo no tenía ganas ni de vivir la primera vez que entré por estas puertas de lo mal que veía a mi hijo, y las primeras semanas no podía parar de llorar, me encontraba muy perdida. Ahora, no sólo le ha cambiado la vida a él, sino a toda mi familia, ya que el problema también nos llegó a afectar a mi marido y a mí como pareja y a mi otra hija. El juego es un problema que enferma a la familia al completo.

Yo me aislé totalmente, obsesionada por el problema de Óscar. Sentía que había fracasado como madre y que la responsabilidad del problema era mía, me sentía muy culpable.

En la asociación he aprendido mucho. He tenido que asumir que para ayudar a mi hijo tengo que ser dura y no darle la ayuda que él quiere sino la que realmente necesita, nadie puede imaginar lo fuerte que he tenido que hacerme. He tenido que ir por delante de él y, en ocasiones, esto nos ha traído grandes discusiones. Ahora me alegro de haberme mantenido constante ya que, antes de venir aquí, había llegado a echarle de casa.

Hoy por hoy, he recobrado mi vida por completo y ahora soy mucho más consciente de las cosas verdaderamente importantes en la vida y de los detalles. Ahora aprecio por encima de todo los ratos buenos que paso con mi familia y esa tranquilidad que antes no teníamos.

A otras madres que pudieran leer mi testimonio, les diría que no se sientan solas. El problema de la ludopatía, por desgracia, es más habitual de lo que pensamos. Yo creía que mi situación era única y que nadie sabría entenderme. En AGRAJER he podido abrirme y compartir con otras personas mis vivencias. Aquí me han sabido comprender y nadie me ha juzgado, pues todos venimos en la misma situación. El juego patológico es una enfermedad, no hay que avergonzarse de ello y hay que luchar por una buena rehabilitación.

 

 

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