Parar el juego, no es suficiente

Como sabemos, las adicciones sin sustancia o adicciones conductuales, son todas aquellas conductas repetitivas que realiza una persona con el objetivo de obtener un determinado estado vivencial (evasión, desconexión, euforía, ilusión, etc.)

La persona busca  experimentar sensaciones agradables o bien liberarse de otras desagradables, por medio de la realización de conductas o actividades como el juego, las compras, el uso de las nuevas tecnologías,  etc. Este comportamiento, genera una  pérdida de control y una interferencia significativa en la vida de la persona.

Cualquier comportamiento puede tornarse adictivo si, se da esta pérdida de control y esta interferencia en la vida de la persona, sumado a algunas señales como estas:

  • La persona empieza a dar prioridad a esa actividad en su vida, sus pensamientos, emociones y conductas, van ligadas a ella. Empieza a sobresalir más que el resto de actividades, tareas o responsabilidades.
  • Se abandonan otras actividades, responsabilidades, o que aceres.
  • Existe una necesidad creciente de aumentar la frecuencia con la que se lleva a cabo la conducta.
  • Aparece irritabilidad o malestar emocional cuando se interrumpe, dificulta o se impide la realización de esa conducta.
  • La persona falla ante los intentos de abandonar su conducta.
  • Aparecen conflictos interpersonales (amigos, familia y pareja) e intrapersonales (con uno mismo, malestar significativo, sentimientos de culpa, sensación de no ser el mismo o la misma, etc.)

Pero, ésta señales solo serían el reflejo de otros problemas más profundos y ocultos. Serían la punta del Iceberg.  Al igual que paso con el Titanic que se hundió por chocar con la parte no visible del Iceberg, si durante nuestro tratamiento, solo dejamos de jugar  (lo que se ve) y no trabajamos lo que hay debajo de nuestra conducta adictiva, la probabilidad de recaer es mayor.

Como sabemos el origen de la adicción es multicausal, por lo que existen muchos factores que nos llevan a desarrollarla, éstos serían la base del Iceberg y por tanto determinantes en nuestra conducta adictiva.  Es en ellos, en los que también hemos de profundizar y trabajar, como parte importante de nuestra rehabilitación. Aquí os dejamos algunos ejemplos de algunos problemas que podrían ocultarse bajo la conducta adictiva:

Impulsividad, tendencia al estado de ánimo depresivo, dificultades de gestión emocional, baja tolerancia a los estímulos negativos que no son placenteros, tanto físicos (dolores, insomnio, fatiga, etc) como psíquicos (disgustos, preocupaciones, responsabilidades, etc), búsqueda exagerada de sensaciones nuevas, baja autoestima, déficit de habilidades sociales y de la comunicación, estilo de afrontamiento inadecuado , como la tendencia a evitar conflictos o  evadirse de los problemas, carecer de un afecto consistente por parte del entorno, pobreza en relaciones sociales, apoyo familiar o social,  cohesión familiar débil, poca comunicación familiar, insatisfacción laboral/personal/pareja,  etc.

 

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