Límite entre uso, abuso y dependencia.

Ante las adicciones, muchos son los que se preguntan dónde está el límite entre un uso razonable, abuso o dependencia.

Vivimos en una sociedad de consumo que se ha visto muy afectada por la crisis. Ahora más que nunca la suerte aparece como una buena solución ante estos problemas y los juegos de azar se convierten en una ventana para las ilusiones de muchos que pretenden cambiar su situación con un “golpe de suerte”.

Gran parte de la sociedad acepta como algo normal el jugar a la lotería de Navidad, echar una quiniela de vez en cuando, organizar una partida de póquer con los amigos…

Es cierto que la mayoría de las personas compran algún décimo o realizan apuestas sin llegar a desarrollar una adicción al juego. Sin embargo, el límite es muy difuso y hay que tener en cuenta que estas creencias acerca de la suerte y el azar pueden llegar a convertirse en algo obsesivo que escape a nuestro control. Cuando una persona comienza a jugar de forma asidua a estos juegos, ya de por sí se genera una situación de riesgo que puede ser determinante de una futura dependencia.

La línea divisoria se cruza en el momento en el que el juego empieza a interferir en nuestra vida diaria. Los primeros síntomas pueden ir determinados por la pérdida de control. El jugador va siendo consciente del gran gasto que le supone esta actividad, comienza a mentir a sus familiares, empieza a alejarse de amistades, aparecen síntomas de ansiedad, problemas de sueño, dificultades de concentración en el trabajo o los estudios, cambios de carácter, etc. Todos estos síntomas deben hacer saltar la luz de alarma.

Aquí te damos algunas señales que podrán ayudarte a determinar si tú o algún familiar o amigo cercano podrían tener un problema de juego:

– Aumento progresivo del tiempo dedicado a estas actividades. Se puede observar también con qué ímpetu se lanza a realizar estas actividades y el grado subjetivo de imperiosa necesidad o imprescindibilidad que se manifiesta.
Descenso del rendimiento académico o laboral.
Disminución de la participación en la vida familiar y social.
Aislamiento social, falta de interés por actividades con otras personas y disminución de la comunicación a nivel familiar o con los amigos.
Se abandonan actividades y hobbies para pasar más tiempo jugando.
– Cambios negativos en el estado de ánimo (irascibilidad, tristeza, nerviosismo…)
– Conductas impredecibles.
– Aumento en el gasto de dinero sin causa aparente.
– Secretismo, mentiras, excusas…
Dificultades para dormir durante la noche (agitación durante el sueño, pesadillas, despertares constantes…), fuerte somnolencia durante el día, cansancio y falta de energía.
– Frecuentes salidas de casa sin explicación o salidas que se alargan más de lo normal.
Desaparición de sumas de dinero en casa o robos.
Ocultar o negar su implicación en el juego (mentir, ocultarse, jugar a escondidas…)
Sacrificar necesidades fisiológicas como comer, dormir o ir al baño por seguir jugando.

1 Comment

  1. Pingback: Límite entre uso, abuso y dependencia. - AGAJA Vigo - Luchando contra la ludopatía desde 1990

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *