La importancia de la familia

En un post anterior publicado en nuestro blog se hablaba de las fases de la ludopatía, hoy pretendemos hablaros de las fases que se muestran en el familiar ante tal situación.

Las adicciones conductuales, entre ellas la ludopatía, causan un desajuste a gran escala en la vida de quien la padece y de quién le rodea. Esta enfermedad causa en el familiar más allegado, cónyugue, padres, hermanos o hijos, un desajuste emocional que puede dar lugar a trastornos psicológicos y psicofisiológicos, que también precisan de atención y ayuda, así como, patrones de interacción entre el jugador y allegados, destructivos. Por eso, el objetivo general de Agrajer es atender no solo a las personas afectadas por esta enfermedad y/o otras adicciones no tóxicas, sino también a su entorno familiar con el fin de alcanzar una rehabilitación integral.

Como allegados al jugador, la familia también pasa por una serie de fases ante la aceptación de la existencia de un problema en el seno familiar, éstas están sujetas a las características individuales de cada caso, pero puede que nos sintamos identificados con alguna de ellas:

Fase de negación

Cuando comenzamos a observar comportamientos extraños en el jugador, de manera ingenua empezamos a confiar en que se trata de algo pasajero y a querer creer que no hay ningún peligro, y que la situación por si sola remitirá. Minimizamos estas señales, en muchas ocasiones por desconocimiento verdadero de la enfermedad, de sus síntomas, su evolución y de sus consecuencias. Por este desconocimiento, no entemos sus reacciones, la desatención familiar, nos sentimos un pérdidos ante el cambio que percibimos y por eso aceptamos justificaciones del jugador, y sucumbimos a lo que nos dice y a su realidad. Por ello es muy importante ser conocedores de la misma, para no dejarla pasar, y en ese momento pornernos en marcha para buscar explicación a lo que ocurre.

Fase de estrés

Al percatarnos de las dificultades económicas, el aumento de los conflictos, los cambios de humor, la desatención familiar, las mentiras, etc. Empezamos a tomar conciencia de la realidad, a darnos cuenta de que puede existir un problema de mayor gravedad.

Aquí nos hacemos una pregunta ¿qué he hecho mal? Aparece la culpa y nos responsabilizamos de lo que ocurre, protegiendo y excusando, en ocasiones acarreando con las responsabilidades del jugador, ya que tras la ansiedad y preocupación que sentimos, nos sentimos obligados a hacer lo que el jugador debería,  todo ello porque desconocemos que se trata de una enfermedad y de que no somos los responsables de que el otro se rehabilite si todavía no lo quiere. Con esta actitud no le ayudamos porque le transmitimos  que nosotros solucionaremos sus problemas, si el jugador considera que todas las necesidades y consecuencias negativas provocadas por el juego las solventará la familia, no buscará ayuda.

Por esa falta de comprensión, y el afán de ayudar a nuestro familiar, desde ese desconocimiento y el miedo a la situación novedosa, obligamos a que dejen el juego, amenazamos, exigimos un cambio, aumenta nuestra hostilidad y rabia ante la situación que percibimos como injusta, sin ser conscientes de que en realidad se trata de una enfermedad en la que tanto ellos como nosotros necesitamos orientación y ayuda para poderla afrontarla. Hay que entender que en la mayoría de las ocasiones su comportamiento hostil, que termina con nuestra paciencia, no es más que un reflejo del odio que se tienen hacia sí mismos, por lo que en esta ocasión la comprensión y el amor, el motivarles en su deseo de dejar de jugar y ofrecerles la ayuda, el apoyo y la comprensión para luchar contra ello, es más efectivo, que tratar de pensar que lo podrán hacer solos.

Fase de afrontamiento

El miedo a las consecuencias del problema y a las conductas del jugador, puede llevarnos a refugiarnos en comportamientos destructivos (alcochol, tabaco, medicamentos), a desahogarnos con gente de nuestro entorno (hijos, amigos, otros familiares) o incluso a plantearnos el abandono del núcleo familiar, la separación, el abandono, etc. Aquí existe más probabilidad de empezar a experimentar desajustes emocionales, trastornos psicológicos como depresión o ansiedad, o psicofisiológicos. En esta fase, lo aconsejable es buscar ayuda profesional, una orientación especializada a nuestro problema familiar y personal.

Estos son algunos consejos que podemos utilizar para afrontar la situación:

  • No eludir la realidad, la ludopatía es una enfermedad que puede empeorar día a día, pero tiene solución, solo hemos de buscarla en un lugar especializado como lo es Agrajer. No tenemos culpa como familiares, pero si contamos con el poder y la responsabilidad de que la persona afectada atienda a nuestra preocupación y acceda a un tratamiento eficaz.
  • Mostrar apertura ante la comprensión de la ludopatía como enfermedad, identificando síntomas, conociendo su desarrollo, evolución y consecuencias. Nos ayudará a no sufrir ante las conductas del jugador y a no salvarle de las consecuencias del juego.
  • Intentar que nuestro sentimiento de culpa, o ansiedad no desemboque en hacer lo que el jugador ha de hacer por sí mismo. Así eludiremos su parte de responsabilidad y será más complicado que inicie un proceso de cambio.
  • La actitud que tengamos ante la situación puede ayudar a que esta tome un curso evolutivo más favorable (comprender vs. obligar/amenazar). Apoyar al jugador y cooperar en su desarrollo.
  • Tratar de no sucumbir a mentiras, son síntomas de la enfermedad, desconfiar y responder con disciplina, en un principio es aconsejable para establecer los límites que ellos necesitan. No por eso nuestro amor y cariño hacia ellos es menor, al contrario, les ayudamos a gestionar un síntoma de su enfermedad.
  • No perder los papeles, si nos cubrimos de ira será más complicado llegar al jugador y poder ayudarle, además de hacernos daño a nosotros mismos.
  • Nosotros también podemos presentar problemas emocionales, para poder ayudarles también hay que empezar por nosotros mismos, dándonos la oportunidad de conocernos y expresar nuestras dolencias. Su rehabilitación incluye una recuperación emocional de quienes le acompañan.

 

 

 

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