La autoestima y su relación con el juego patológico

La autoestima es un concepto tan amplio y abstracto que a veces no encontramos las palabras exactas para ello. Podemos definirla como la valoración, percepción o juicio positivo o negativo que una persona hace de sí misma en función de la evaluación de sus pensamientos, sentimientos y experiencias. No es innata, esto quiere decir que no nacemos teniendo autoestima, sino que se va forjando a raíz que vamos creciendo. Podemos modificarla trabajando para poder mejorarla y está influenciada por el contexto (entorno familiar, social, experiencias…). Por ello, a lo largo de nuestra vida habrá momentos en los que nos sintamos con una buena autoestima y otros en los que no sea así.

En función de si una persona tiene buena o baja autoestima podemos observar en ella unas características u otras:

Las personas con buena autoestima suelen saber qué cosas pueden hacer bien y qué pueden mejorar, se sienten bien consigo mismos, expresan su opinión, no temen hablar con otras personas, saben identificar y expresar sus emociones a otras personas, se valen por sí mismas en las situaciones de la vida, lo que implica dar y pedir apoyo, tiene consideración por los otros etc…

Por otro lado, las personas con baja autoestima suelen mostrarse indecisos por ese miedo a fallar y que otros les critiquen por ello, además suelen evitar tomar la iniciativa por miedo a molestar al otro  con su propuesta, tienden a aislarse para evitar la exposición social y con ello las posibles críticas, les cuesta aceptar que se equivocan ya que supondría un ataque directo a la autoestima ya dañada, son personas que se dan por vencidas antes de realizar cualquier actividad debido a la percepción que tienen de ellos mismos de no ser capaces etc…

Existe otro perfil de personas caracterizado por creer que lo hacen todo bien y no fallan o que siempre tienen la razón en todo y no se equivocan, muestran un ego muy elevado y suelen dar la imagen de quererse mucho a sí mismos. Ante este tipo de características en una persona solemos pensar que tiene una autoestima muy buena cuando no es así. Las personas con un ego muy elevado viven en un intento continuo de proteger su imagen ya que no quieren que la imagen real de ellos mismos se descubra porque no se sienten cómodos con dicha imagen.

La autoestima es un factor muy importante en el juego patológico influyendo tanto en las primeras etapas de juego como durante y después de la rehabilitación.

En las primeras etapas podemos comenzar a jugar influenciados por circunstancias que se dan a raíz de nuestra baja autoestima como puede ser: el miedo a relacionarnos, a enfrentarnos a los problemas, encontrando en el juego una forma de evadirnos de ellos. Además, el miedo a expresar lo que sentimos o deseamos por miedo al rechazo nos puede llevar a hacer cosas por incitación social sin que sea de nuestro agrado, por ejemplo: un amigo nos insiste en acudir a un salón de juegos y nosotros cedemos a pesar de no querer.

Durante la rehabilitación una baja autoestima puede conllevar a que se achaquen los avances a factores externos y los errores a factores internos (a nosotros mismos). Por los intentos constantes de proteger la imagen social puede resultar difícil aceptar que algo no va bien, que existe un problema o que se ha cometido un error. Además, por esa percepción asociada a una baja autoestima de no poder resolver los conflictos, puede conllevar que resulte difícil continuar ante los baches que se puedan presentar a lo largo de la rehabilitación.

Después de la rehabilitación, una buena autoestima nos ayuda a prevenir recaídas ya que nos sentimos capaces de solventar cualquier problema y saltar cualquier obstáculo que se nos presente en el camino.

Para trabajar nuestra autoestima:

Es necesario trabajar el concepto que tenemos de nosotros mismos, es decir nuestro autoconcepto. Saber definirnos en las distintas áreas de nuestra vida (social, laboral, familiar… ) es necesario para identificar aquellos adjetivos con las que no nos sintamos cómodos y trabajarlos. Todos tenemos defectos, con la única diferencia de que las personas con buena autoestima le dan la misma importancia a sus defectos y a sus virtudes, y las personas con baja autoestima tienden a darle mayor peso a los defectos.

Además, debemos aceptarnos tal y como somos, con nuestras fortalezas y limitaciones. Solo aceptando aquello que no nos gusta de nosotros, podemos cambiarlo. Hay cosas que no podemos cambiar, pero sí que podemos modificar la actitud con la que nos enfrentamos a ello. Una forma de aceptarnos por aquellas cosas que hicimos en un pasado de las que no nos sentimos orgullosos es haciéndonos preguntas como ¿Qué me llevó a realizar esa conducta? ¿Qué sentía en ese momento? ¿Qué he aprendido de ello?, de esta manera entenderemos mejor porqué hicimos lo que hicimos y se reducirá el enfado con nosotros mismos.

Y por último debemos respetar lo que sentimos, pensamos y deseamos. Esto se consigue siendo asertivos, que consiste en la capacidad para para expresar sentimientos o deseos personales positivos y negativos de manera adecuada, de forma oportuna sin desconsiderar los derechos de los demás. Debemos ser conscientes de que tenemos el mismo derecho que la otra persona de expresar lo que sentimos, queremos o pensamos sin miedo a ser juzgados por ello, solo así nos respetaremos a nosotros mismos.

 

Articulo realizado por Paula Zarco Toledo, alumna de psicología en prácticas.

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