HISTORIA DE UN LUDÓPATA

Buenos días, soy Julio Martínez, exjugador de máquinas tragaperras, loterías y bingo. Llevo 34 meses en Agrajer y a día de hoy soy un jugador rehabilitado. A ver si los sentimientos me dejan contar mi historia sin que se haga muy extensa pero sin olvidar tampoco los detalles que son importantes, al menos para mí.

Desde pequeño, la relación con el juego estaba presente en mi familia. Mi abuelo materno jugaba a las máquinas tragaperras, igual que mi tío y mis primos. Yo siempre era quien les recogía el dinero y hacía paquetes de diez monedas para cambiarlos. Así empecé a familiarizarme con el juego de azar. Al principio, mi forma de jugar solo era con primitivas, algún cupón de la once, quinielas y, de vez en cuando, alguna moneda a las máquinas.

En etapa escolar sufrí acoso. Fui creciendo y siempre fui una persona a la que le gustaba aparentar, estar por encima de los demás, ser el centro de atención, con mucha soberbia y prepotencia, de manera que eso me engrandecía la autoestima que no tenía. Siempre decía que esa era mi forma de ser. Durante un periodo de mi vida en el que todo me sonreía, tanto personal como económicamente, tomé la costumbre de desayunar en el bar y comencé a meter las vueltas en la máquina tragaperras, cada día un poco más.

Recuerdo perfectamente el día que tuve el click y todo cambió. Fue en Almería. Soy comercial y trabajo en distintas provincias. Entré en un bar del que recuerdo perfectamente del nombre: BAR LISBOA. Eran los primeros años de la crisis y las ventas iban regular, pero aquel día, con 40€ que me gasté, la máquina me dio un premio de 700€. Tuve un poco de vergüenza porque todo el mundo me miraba, pero también surgió ese sentimiento interior de sentirme importante, envidiado. A los dos días, otro premio de 500€ y, a la semana siguiente, otro de 600€. ¡Joder! en una semana sin trabajar casi nada había conseguido gastar solo 80€ y ganar 1800€. Empecé a pensar que para qué iba a trabajar si el juego era una forma fácil de conseguir dinero y llevar algo a casa.

Empecé a dar de lado el trabajo y cada vez jugaba más. Todo lo bonito de mi relación de pareja empezó a cambiar. Además de mi prepotencia, soberbia e ira, comenzó a aparecer la mentira, la rabia, las discusiones, las artimañas para que nadie descubriera mi problema. Comenzó el insomnio, del cual solo era yo consciente, noches en vela pensando en las mentiras que había dicho a amigos para pedirles dinero para poder llevarlas encadenadas al día siguiente y hacer una cadena en mi cabeza. Lógicamente, esto fue creciendo y llegué al punto de pedir un préstamos, etc. Pensé que jamás me pillarían, siempre me salía todo más o menos bien y, si no, discutía para no enfrentarme a la realidad. Pero esta vez, se me olvidó pagar el segundo recibo y mi pareja me descubrió. Fue algo horrible, él estaba toda la semana trabajando fuera cuando se enteró. Fue en ese momento cuando comenzamos a acudir a la asociación.

A día de hoy, me siento capaz de poder recordar los momentos tan malos que el juego me trajo a mi vida. Sentimiento de incomprensión, miedos, asco, desconfianza, vergüenza… No teníamos ni un euro, solo deudas con hacienda, seguridad social, bancos, tarjetas de crédito, amistades… Decidimos empezar una trayectoria en Agrajer, y al principio fue todo muy duro. El peor momento fue cuando tuve que enfrentarme a mi madre y hermana y decirles que el hijo y hermano, que ellas pensaban que era perfecto, maravilloso y que todo lo hacía bien, no era el que ellas creían y, por miedo a su rechazo, intenté ahorcarme en un olivo. Me faltó un palmo de cuerda para poder llevarlo a cabo, pero aun así tiraba de la cuerda para poder llevar a cabo mi fin. En esto, oí las voces de todos ellos gritando, llamándome, y ahí caí derrumbado al suelo, de donde me ayudaron a levantarme y, desde entonces, han seguido siempre a mi lado.

El paso del tiempo me enseñó que no debo de hacer conjeturas sobre nada, sino hablar para solucionarlo todo. A día hoy, me siento feliz y contento porque me ha cambiado la vida. He aprendido a poder controlar mi soberbia, mi prepotencia, mi ira, mis malas contestaciones, mis mentiras, el sentirme por encima de los demás, el ser el centro de atención… No está siendo fácil porque han sido muchos años haciendo grande una forma de mi ser, pero no quiero seguir siendo la persona de antes. Quiero ser el Julio de hoy: fuerte, con decisión, sin miedo de decir cómo me siento y pedir ayuda en los momentos bajos, es más fácil buscar una solución si se comparte el problema. Me he dado cuenta de que el juego había construido y estuvo a punto de destruir a una persona que no era yo.

A día de hoy, colaboramos con Agrajer MI MARIDO y yo. A su lado ha habido momentos difíciles, pero hemos ido poco a poco creciendo cogidos de la mano, sin soltarnos y empujándonos el uno al otro. Seguimos puliéndonos pero sin miedo. GRACIAS JUAN.

Agradecer a todos y cada uno de mis compañeros y profesionales de Agrajer la ayuda recibida, tanto por sus historias compartidas en terapia como por el seguimiento y guía en las sesiones.

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