En busca de la felicidad

Al iniciar el tratamiento para rehabilitarse de una adicción, como puede ser la adicción al juego, tanto el paciente como los familiares y entorno más cercano sienten que no pueden ser felices.

Esto es así porque se ha inculcado la idea de “para ser feliz: salud, dinero y amor”, y frente a una adicción estos tres ámbitos suelen estar muy dañados. Por suerte, la ciencia ha demostrado que esto es un mito; ni el dinero, ni la salud, ni el amor interfieren significativamente en la felicidad. Esta afirmación puede resultar chocante, por lo que se procederá a aportar datos que así lo confirmen.

Por ejemplo, el dinero influye deteriorando mucho nuestro nivel de satisfacción cuando la situación económica es paupérrima. Sin embargo, una vez que nos permite cubrir nuestras necesidades básicas, el tener más dinero no nos hace más felices. Para demostrar esto, se analizaron los índices de felicidad en personas que habían ganado la lotería: al pasar tres meses tras recibir el premio, puntuaron con el mismo nivel de felicidad que una persona que no lo hubiera ganado.

En cuanto a la enfermedad, se ha demostrado que no existen diferencias significativas entre la felicidad percibida por una persona con cáncer o una enfermedad crónica frente a una persona sana; esto es, ambas personas refieren tener unos índices de felicidad muy parecidos si el afrontamiento de la enfermedad es adaptativo.

Por último, el amor sí que influye, pero en escasa medida. Si sumamos los factores externos que sí influyen en la felicidad (amor, vivir en una democracia y el clima), obtenemos sólo un 15% del total de influencia en el nivel de felicidad.

Si esto es así, ¿en qué se basa la felicidad humana realmente?

Siguiendo los estudios del doctor Seligman, podemos definir 5 elementos decisorios que intervienen en nuestra felicidad: emociones positivas, compromiso con lo que hacemos y con nuestro alrededor, relaciones positivas con los demás, los logros de uno mismo y el significado vital. Estos 5 elementos se traducen en tres formas de vivir la vida:

  • Vida placentera: Tiene que ver con la felicidad que vemos en las películas de Hollywood, es decir, hacer cosas que nos gustan que son finitas. Ir de compras o ver una serie podrían ser algunos ejemplos; en el caso de las personas con adicción al juego, suele ser jugar. Está demostrado que el placer que aportan estas acciones termina en el momento en que finaliza la actividad y la felicidad alcanzada no repercute más allá de ese instante.
  • Vida comprometida: Está relacionada con “ser uno con las cosas”; es decir, volcarnos en lo que estamos haciendo dando lo mejor de nosotros mismos. Encontrar nuestros puntos fuertes en cada ámbito de nuestra vida y aprovecharlos al máximo para hacer lo mejor posible las cosas.
  • Vida con significado: Sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos. Un buen ejemplo de ello serían las acciones altruistas para ayudar a los demás y que nos hacen sentir parte de una comunidad.

¿Cómo podemos relacionar estos tres tipos de vida con la adicción al juego y adaptarlos a aquellas personas que trabajan por superar su adicción?

Pues bien, cuando hablamos de la vida placentera y de que un placer es finito y no repercute realmente en la felicidad de uno mismo de forma duradera, empezamos a buscar otros tipos de fuentes de felicidad. Un ejemplo de ello es el siguiente ejercicio: Durante esta semana haz algo divertido, pero también algo altruista. Comprobarás por ti mismo cómo la acción divertida acaba con el final de la misma pero, cuando se hace algo de forma altruista, la sensación de bienestar y felicidad nos acompaña, al menos, todo el día.

Cuando hablamos de vida comprometida podemos relacionarlo de formas distintas. Por un lado podemos tomar como ejemplo la moraleja que Will Smith contaba a raíz de una historia familiar en la que decía: “No intentes construir el muro. No te prepares para construir el muro. No puedes empezar por ahí: Tú sólo debes concentrarte en poner un ladrillo perfectamente alineado al anterior, hazlo todos los días, y pronto tendrás un muro”. Podemos relacionar esta reflexión con una frase que es muy útil en terapia: “Hoy me he levantado y no voy a jugar, hoy me he acostado y no he jugado” en el sentido de centrarnos en el hoy, en el día a día y el trayecto, no en la meta. Comprometerse y ser uno con el tratamiento e ir mirando paso a paso el camino para hacerlo cada día lo mejor posible.

Por otro lado, tiene que ver con sacar las fortalezas que cada uno posee y usarlas para su propio tratamiento y la mejora de su día a día. Si el fuerte de un paciente son las habilidades sociales, puede usarlo tanto en su trabajo como en enfocar su tratamiento valiéndose de esa habilidad. Si para otra persona su fuerte es la persistencia, puede utilizarlo para trabajar en su rehabilitación con constancia.

Por último, en lo que a la vida con significado refiere, se puede relacionar con el buscar actividades que nos hagan sentir plenos y felices contribuyendo a la mejora de la sociedad o de la vida de otras personas. Tiene mucho que ver en cómo enfocamos el ocio una vez que la adicción se ha parado y disponemos de un tiempo que antes no teníamos. En lugar de utilizarlo para acciones finitas que no aporten un bienestar duradero, podemos usarlo para construir un nuevo ocio que nos haga sentir realizados.

Si se busca más información sobre la felicidad, se puede encontrar el estudio más largo sobre la misma hasta la fecha, que lleva realizándose 75 años. La conclusión de este estudio es sencilla: “las buenas relaciones interpersonales son el mejor predictor de felicidad y salud”. Hemos de aclarar que con relaciones no se refiere sólo a las de pareja, sino a relaciones sociales en su más amplio sentido. ¿Cómo ayudan las buenas relaciones sociales a aumentar la felicidad?

1.- Las relaciones sociales aumentan la esperanza vital y la soledad “mata”.
2.- No es la cantidad de relaciones, sino la calidad. Las personas con buenas y fuertes relaciones sienten menos dolor ante las enfermedades y en su vejez.
3.- No es importante tener una relación perfecta, sino aquella en la que prime la comunicación, confianza y apoyo. Esto predice una mejor salud y menor pérdida de memoria a los 80 años, entre otras ventajas físicas y psicológicas.

¿Cómo podemos aplicar este conocimiento al tratamiento de rehabilitación de una adicción como el juego?

A diario, los profesionales comprueban cómo una de las áreas más deterioradas cuando llegan los jugadores y familiares a consulta por un problema de adicción son las relaciones interpersonales. Es de las primeras cosas que los jugadores comienzan a dejar de lado durante el juego y una de las que más cuesta recuperar cuando se deciden a dar el paso para iniciar el tratamiento: tanto la confianza, la comunicación… etc. están dañadas, y es necesario trabajo, tiempo, paciencia e implicación para restaurar ese vínculo y que se fortalezca. Sin embargo, según el estudio anteriormente mencionado, parece de vital importancia que así se haga si realmente queremos volver a ser felices. También podemos invertir ese nuevo tiempo disponible que antes gastábamos en jugar en realizar actividades con otras personas, creando nuevos vínculos o reforzando los que ya se tenían.

Ana Eugenia Castañeda, psicóloga en prácticas.

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