Adicciones comportamentales

Cuando hablamos de adicciones, pensamos casi exclusivamente en problemas de dependencia ocasionados por sustancias químicas (cocaína, nicotina, alcohol…) Sin embargo, hay ciertos hábitos y comportamientos que también pueden resultar perjudiciales en el momento en que comienzan a afectarnos a nivel personal y social en nuestra vida diaria.

En muchos casos, se trata de actividades que no tienen por qué resultar nocivas de por sí pero que suponen un riesgo cuando aumentamos la frecuencia y la intensidad con las que las realizamos. Ejemplos de estas adicciones comportamentales, también llamadas no tóxicas o sin sustancia, pueden ser el uso excesivo del ordenador, las compras, el deporte compulsivo o la hipersexualidad.

Un síntoma que nos hace ver el límite entre la “normalidad” y la dependencia es la pérdida de control a pesar de las consecuencias negativas que conlleva el seguir realizando esa conducta. Cualquier comportamiento que en un primer momento nos resulta placentero puede convertirse en adictivo en un futuro si confluyen diferentes factores ambientales, biológicos o de personalidad.

Hay una diferencia principal entre las adicciones a sustancias y las adicciones comportamentales. En relación a las adicciones químicas, es bastante común encontrarnos con casos de politoxicomanías, es decir, personas que son adictas a varias sustancias (por ejemplo, cocaína y alcohol). En el caso de las adicciones comportamentales, es menos común encontrarnos con pacientes que sufran de varias dependencias no tóxicas, aunque sí es común que una persona pueda padecer una adicción química combinada con una no química (por ejemplo, juego y alcohol).

Otra diferencia que se está estudiando en torno a estos tipos diferentes de adicciones es la manifestación del síndrome de abstinencia. Mientras que en las drogodependencias este síndrome puede “aplacarse” a partir del consumo, el adicto al juego, por ejemplo, puede continuar con una ansiedad ilimitada hacia su adicción pese a jugar durante horas.

En cuanto a la motivación por el tratamiento y los resultados de las intervenciones terapéuticas, solemos encontrar una mayor motivación para el cambio y un mejor pronóstico para las dependencias comportamentales.

Aunque el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) sólo contempla como tal la adicción al juego patológico, son muchos profesionales los que afrontan el tratamiento de las diferentes adicciones sin sustancia con un enfoque muy similar al de las dependencias químicas debido a las grandes similitudes que ambos tipos presentan.

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